Estas elecciones marcan otro paso adelante en el rápido cambio de conciencia de la clase obrera norteamericana. Todo cambio necesita ser examinado cuidadosamente desde una perspectiva dialéctica, marxista y de la clase obrera, de esta forma podemos comprender y abordarlo adecuadamente. La conciencia de la clase obrera no es algo inmutable como una piedra. No podemos tener una visión parcial de lo que es un proceso infinitamente complejo, especialmente en un país plagado de contradicciones como EEUU. Para empezar, debemos comprender que no es el año 2000, 2002, 2004 o ni siquiera principios de 2006. Estamos al final de 2006, 5 años después de los atentados del 11 de septiembre, cuatro años de “recuperación” sin empleo, 3 años de guerra en Iraq y ocupación, un año después del Katrina, y después de una interminable oleada de escándalos políticos y empresariales. Las elecciones también llegan sólo unos meses después de la movilización de masas de los trabajadores inmigrantes y con la revolución latinoamericana extendiéndose por todo el continente.
Muchas personas a menudo adoptan una postura de “ni bien ni mal” en este tipo de elecciones porque creen, instintivamente, que nada fundamental cambiará como resultado en el giro de la correlación de fuerzas del poder políticos entre un partido de la gran empresa y otro. Pero dado todo el contexto mundial y la situación económica, política y militar en EEUU, estas elecciones supone un giro definido, al menos en cómo muchos trabajadores y jóvenes las perciben.

“Ya es suficiente”

Los resultados representan todo un rechazo a la política de Bush. Los Demócratas han retomado el control de las dos cámaras. Esto confirma totalmente la perspectiva que presentamos en 2002, cuando explicábamos que debido a la ausencia de una alternativa de masas de la clase obrera, los Demócratas inevitablemente regresarían aprovechando el giro a la izquierda provocado por la inevitable reacción contra la política de Bush. Escribimos esto inmediatamente después de la derrota de los Demócratas en las pasadas elecciones, en un momento en el que muchos decían que el partido estaba acabado, que Bush era omnipotente y que pisotearía a la clase obrera, pudiendo hacer lo que quisiera.
Durante un período esto parecía ser así. Pero en los últimos años Bush ha intentando dar marcha atrás el reloj con ataques al movimiento obrero, la seguridad social, sanidad, educación y la política imperialista más agresiva y arrogante de la historia. Nosotros explicamos consistentemente que este poder tenía límites, que finalmente llevaría a una reacción contra su política. Explicamos que lamentaría haber salido elegido y que la clase dominante recurriría una vez más a los Demócratas para canalizar este descontento hacia canales seguros.
Después de cuatro años de calma y casi control total por parte de Bush y los neocon, su agenda fue echada atrás, a pesar de los Demócratas que fueron uno de los principales apoyo de su administración. Sólo porque fueron incapaces de ofrecer una oposición real a la política o programa de Bush, para mejorar verdaderamente la vida de la clase obrera, es por lo que han estado tantos ciclos electorales sin recuperar el poder político.
Tampoco es insignificante que Donald Rumsfeld sea la primera baja pública de la debacle republicana. El descontento con la guerra de Iraq y las preocupaciones por el terrorismo fueron factores importantes en las elecciones, pero también lo fueron la corrupción en el gobierno, la situación de la economía, la sanidad y la educación.

Ausencia de una alternativa

Los Demócratas están eufóricos. Sólo ofrecen algunos retazos cosméticos que intentan pasar como una política verdaderamente “agradable para el trabajador”. Inevitablemente disfrutarán de un cierto período de “luna de miel” que, una vez más, debido a la ausencia de una alternativa podría ser más largo de lo que pensamos, aunque no tanto en términos históricos. El sistema está en tal crisis que no pueden ofrecer reformas significativas. Peo después de unos años abiertamente de extrema derecha de gobierno republicano, está claro que muchas personas tienen ilusiones sinceras en ellos.
Este es un proceso contradictorio y debemos dejar claro que para millones de personas hartas de Bush, estas elecciones representan un sincero giro a la izquierda, al menos dentro del contexto de los estrechos límites del actual sistema político norteamericano.
Para la gran mayoría de los trabajadores estadounidenses, votar a los Demócratas parece un camino más fácil que construir una corriente de de lucha de clases y de masas dentro de los sindicatos, la construcción de un partido obrero de masas, la ruptura con los Demócratas, etc., Esperan que en cierta forma los Demócratas, milagrosamente, defiendan sus intereses en esta ocasión. Tendrán que pasar por la “escuela de los golpes duros” y aprender la amarga realidad a través del camino difícil, sobre la base de su propia experiencia. Como marxistas necesitamos estar con nuestra clase, explicar pacientemente la necesidad de una genuina alternativa política por y para la clase obrera: un partido obrero de masas basado en los sindicatos.
Debemos ser cien por cien claros: los Demócratas son un partido, de por y para la clase capitalista. De ninguna manera se parecen a un partido socialdemócrata reformista de masas en las líneas de la socialdemocracia europea. Está fuera de toda duda que los marxistas no trabajamos dentro de él ni intentamos “transformarlo” o “reformarlo” en un verdadero partido obrero. Pero es un hecho que muchas personas ven en ellos de manera sincera una alternativa de “izquierdas”. Mediante la explicación paciente, los marxistas seremos capaces de conectar con los trabajadores y jóvenes más avanzados, aquellos que hoy tienen ilusiones en los Demócratas, pero que mañana estarán enormemente furiosos ante las traiciones del que pensaban era “su” partido.

“La vida enseña”

Millones ya están en contra de ambos partidos y buscan una alternativa. El número relativamente grande de votos para terceros partidos es una expresión de esto. Pero por ahora, muchos de los individuos más activos políticamente se consideran Demócratas, olvidando por ahora todas las traiciones y capitulaciones. Pero estas traiciones y capitulaciones son parte orgánica del Partido Demócrata, y serán especialmente escandalosas después de las esperanzas levantadas con el rechazo a Bush y compañía de esta semana. Sobre esta base la experiencia en la vida real, la conciencia de millones de trabajadores y jóvenes girará aún más a la izquierda en los próximos años.
Sin embargo, no deberíamos subestimar el sentimiento de fuerza que muchos sentirán en el próximo período después de los años aparentemente “interminables” y “desesperados” con el supuesto control absoluto de Bush. Las ilusiones en los Demócratas entre ciertas capas de jóvenes y trabajadores son inevitables durante un período determinado.
Resulta significativo que la participación de los votantes jóvenes sea la más elevada desde que se registraron los primeros datos hace 20 años (aunque aún es un pequeño porcentaje sobre el total de votantes potenciales). Estos jóvenes se APARTAN de Bush y votan CONTRA su política. Pero como marxistas revolucionarios, debemos darles algo para votar a favor. Debemos mantener una aproximación cordial pero firme a aquellos que tienen ilusiones en los Demócratas, explicar pacientemente y demostrar en la práctica cual es el único cambio revolucionario de la sociedad que puede resolver los problemas que nos afectan a todos. En esta tarea, la revolución mundial y en particular los acontecimientos en América Latina jugarán un papel clave.
Mediante sus propios actos, los Demócratas se desenmascararán como los defensores más leales del sistema capitalista. Debemos preguntar a aquellos que tienen ilusiones en ellos porque no votaron contra la Taft-Hartley, el ALCA o la Ley Patriótica, o para proporcionar sanidad universal, vivienda y educación para todos, por no mencionar su política exterior, que necesariamente será la misma de dominio imperialista, aunque suavicen su agresividad.
No nos debería pillar por sorpresa si los Demócratas promulgan algunas reformas muy modestas, como la subida del salario mínimo (aunque no fuese suficiente para cubrir la inflación ya que el salario mínimo se remonta a 1968), o si aprueba la retirada de las tropas de Iraq (se arriesgan a romper el ejército si no lo hacen), o si promueven fondos para la educación o el Medicare, etc., Necesitamos explicar que estas medidas son buenas, pero que son escasas para lo que necesitan los jóvenes y trabajadores, que de ninguna manera compensan los recortes masivos que hemos sufrido desde finales de los años setenta (con administraciones de ambos partidos), y sobre todo, que ellas no afectan a las relaciones económicas fundamentales de la sociedad. Aunque los burócratas obreros proclamarán en voz alta que su estrategia electoral de dedicar millones de dólares a apoyar un partido de los empresarios ha tenido éxito en “derrotar a la derecha”, nosotros debemos mantenernos firmes en nuestra defensa de una genuina alternativa de masas de la clase obrera.
Debemos explicar que con la actual situación de la economía estadounidense y mundial, la clase dominante no puede ofrecer ninguna concesión seria, menos aún concesiones de la escala del New Deal o la Gran Sociedad. Incluso aunque pudieran hacer algo similar, sólo salvarían a su sistema para el futuro intensificando la explotación de la clase obrera. Las concesiones nunca se “dan” debido a la buena voluntad de la clase dominante, son el producto de la lucha de masas. Incluso las concesiones más modestas están en peligro mientras la clase capitalista siga en el poder político y económico. Esto ha quedado dolorosamente claro en el período reciente, cuando los empresarios y sus partidos nos han arrebatado casi todo por lo que luchamos durante décadas.

“Cambios bruscos y repentinos”

Está claro que la población norteamericana está más frustrada de lo que estaba hace sólo unos meses, y eso supondrá que las exigencias a los Demócratas serán más profundas. Esto nos dará la oportunidad de explicar nuestras ideas. Como marxistas revolucionarios debemos diferenciarnos de las denuncias estériles de otros grupos mientras intentamos romper las ilusiones de la población en los Demócratas.
Sobre todo, el resultado demuestra lo rápido y repentino que pueden cambiar las cosas en esta situación mundial tan volátil. Hace sólo 4 años, muchos proclamaban la muerte del Partido Demócrata. Ahora los republicanos han quedado hecho añicos de la noche a la mañana. Mientras millones todavía tienen ilusiones en los dos partidos, lo que está claro es que esto puede cambiar rápidamente. Un gobierno dividido sólo exacerbará las contradicciones de la administración Bush y también entre los propios Demócratas, no pueden mantener esta charada “cordial con el trabajador” durante mucho tiempo.
Hace cuatro años explicábamos lo siguiente:
“No obstante, a pesar de su actual ineptitud, y del hecho de que las masas en realidad les han rechazado en estas elecciones, los Demócratas seguirán siendo una herramienta poderosa para la clase dominante. En ausencia de un partido obrero tradicional, la clase obrera los utilizará además de su conexión histórica con el AFL-CIO para descarrillar cualquier movimiento de los trabajadores. En la actualidad, sin embargo, parece que la clase dominante prefiere utilizar la política abiertamente más agresiva de Bush y su camarilla. Pero esto no durará mucho. Lo que no tiene en consideración en este momento la clase dominante es que la clase obrera norteamericana todavía está fresca e imbatida, y que en determinado momento se moverá. Debajo de la superficie hay un tremendo descontento. Esto es lo que hicieron con Bill Clinton, cuando el desencanto con los años de Reagan fue en aumento. Es verdad que históricamente, debido a la presión de las masas y sobre la base del boom económico de la posguerra, los Demócratas tuvieron que dar algunas concesiones a la clase obrera. Han vivido de esa reputación durante décadas, pero ahora se demuestra su verdadera cara, con Clinton aprobaron algunas de las leyes más antiobreras en décadas. Hizo el trabajo sucio de la clase capitalista, aunque con una sonrisa en la cara. Aunque su reputación ahora está por los suelos, su surte cambiará en determinado momento cuando los capitalistas ya no puedan seguir gobernando a través de Bush y compañía.
“Las masas todavía están un poco conmocionadas después del 11 de septiembre, han adoptado una postura de ‘esperar y ver’, pero tienen que movilizarse a una escala de masas. Pero lo harán y en lo que, en esencia, es un sistema de partido único con dos caras diferentes, es inevitable que en el futuro se produzca un giro hacia los Demócratas. Pero no durará demasiado. Lenin solía decir que ‘la vida enseña’. La mayoría de las personas no aprenden de los libros ni de la teoría, sino de la escuela de los golpes duros. Y mientras el capitalismo continúe a la clase obrera le espera muchos golpes duros. En el período convulsivo en el que hemos entrado a escala mundial, se están preparando cambios y sacudidas impresionantes, especialmente en el corazón del capitalismo mundial. El cambio monótono entre los dos partidos está llegando a su final. Los cambios bruscos y repentinos están en el orden del día”.
(Elecciones de 2002 en EEUU. Los factores que llevaron a la victoria republicana).
Las líneas anteriores ahora empiezan a ser verdad. Aunque todavía no ha surgido un movimiento de masas de la clase obrera, el descontento subyacente comienza a hervir, estas elecciones son sólo otro síntoma de esto. Cuanto más tarde el movimiento en adquirir una expresión consciente, más explosivo será cuando finalmente estalle a una escala de masas.

Futuro revolucionario

Las ilusiones en los Demócratas se desvanecerán de la conciencia de la clase obrera a través de la amarga experiencia. Cuando esto ocurra, las cosas en EEUU verdaderamente comenzarán a calentarse, cuando los trabajadores norteamericanos rechacen este juego de yo-yo y se moverán para crear una verdadera alternativa de la clase obrera. Es sólo el principio de un proceso que continuará y se acelerará, que se profundizará en los próximos meses.
La historia está de nuestro lado pero el tiempo no. Debemos prepararnos ahora, durante la “calma que precede a la tempestad”, para las tareas históricas que tenemos ante nosotros. La transformación socialista de EEUU será el toque de difuntos del capitalismo mundial y el inicio de una nueva etapa para la humanidad. Esta es una perspectiva por la que merece la pena luchar.